martes, 17 de marzo de 2020

ACTIVIDADES DE CONTINUIDAD PEDAGÓGICA 1° año B Prácticas del lenguaje (Prof. Tenaglia)

¡AVISO IMPORTANTE!
A PARTIR DE AHORA, LAS ACTIVIDADES RESUELTAS DEBERÁN SER ENVIADAS A florenciatenagliasecundario@gmail.com.
FECHA DE ENTREGA ACTIVIDAD 1 Y 2: hasta el jueves 26/03
FECHA DE ENTREGA ACTIVIDAD 3 Y 4: hasta el lunes 30/03


- Las actividades pueden ser resueltas a partir de las habilidades de lectocomprensión y conocimientos previos. En caso de ser necesario, se puede consultar bibliografía y material de trabajo el año anterior u otras fuentes para recuperar conceptos básicos sobre literatura y gramática. Al final del post, encontrarán Material de apoyo sobre clases de palabras y narradores.

- En la primera clase luego de la reincorporación, las actividades serán puestas en común, se responderá a las dudas y se compartirán las producciones de escritura creativa.

- Para hacer consultas podés escribir a florenciatenagliasecundario@gmail.com


PRIMERA SEMANA (16/03 al 20/03)

ACTIVIDAD N° 1

LA LEYENDA DE LOS ONAS

Escuchá la leyenda de los Onas en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?Y=Ms5Q9rgDYwc y respondé:

1. ¿Quiénes eran los Selk’nam? ¿Dónde estaban ubicados?
2. ¿Qué llegó a las playas? ¿Quiénes venían allí?
3. ¿Qué hicieron los visitantes con los Selk’nam? ¿Quién los ayudó a escapar?
4. ¿Los Selk’nam pudieron llegar a sus costas? ¿Por qué?
5. ¿El origen de qué fenómeno de la naturaleza explica esta leyenda?
6. ¿Cuál es la similitud entre los Selk’nam y esos animales?

   
ACTIVIDAD N° 2

EL CLUB DE LOS PERFECTOS - Graciela Montes


Hay gente que ya está cansada de que yo cuente cosas del barrio de Florida. Pero no es culpa mía: en Florida pasa cada cosa que una no puede menos que contarla.
Como la historia esa del Club de los Perfectos.
Porque resulta que los perfectos de Florida decidieron formar un club.
Alguno de ustedes preguntará quiénes eran los Perfectos. Bueno, los Perfectos de Florida eran como los Perfectos de cualquier otro barrio, así que cualquiera puede imaginárselos.
Por ejemplo, los Perfectos no son gordos pero tampoco son flacos.
No son demasiado altos, y mucho menos petisos.
Tienen todos los dientes parejos y jamás de los jamases se comen las uñas.
Nunca tienen pie plano ni se hacen pis encima.
No son miedosos. Ni confianzudos.
No se ríen a carcajadas ni lloran a moco tendido.
Los Perfectos siempre están bien peinados, siempre piden “por favor” y jamás hablan con la boca llena.
Hay que reconocer que los Perfectos de Florida no eran muchos que digamos. Es más, eran muy pocos. Tan pocos que había calles, como Agustín Álvarez donde no podía encontrarse un Perfecto ni con lupa. Pero —pocos y todo— decidieron formar un club porque todo el mundo sabe que a los Perfectos sólo les gusta charlar con Perfectos, comer con Perfectos y casarse con Perfectos.
El Club de los Perfectos fue el tercer club de Florida. Los otros dos eran el Deportivo Santa Rita y el Social Juan B. Justo.
El Deportivo Santa Rita era sobre todo un club de fútbol. Los sábados por la tarde se llenaba de floridenses porque los sábados por la tarde se jugaban los partidos amistosos con el equipo de Cetrángolo.
El Social Juan B. Justo era el club de los bailes. Los sábados por la noche los floridenses que querían ponerse de novios se reunían a bailar con los Rockeros de Florida entre guirnaldas verdes, rojas y amarillas.
Pero el Club de los Perfectos era otra cosa.
Para empezar no era ni un galpón ni una cancha. Era una casa en la calle Warnes, con grandes ventanales y una verja alta de rejas negras. Y en el jardín que daba al frente, nada de malvones, dalias y margaritas, sólo palmeras esbeltas, rosales de rosas blancas y gomeros de hojas lustrosas.
Los sábados por la noche los Perfectos llegaban al club con sus ropas planchadas y sus corbatas brillantes. Como eran perfectamente puntuales llegaban todos juntos.
Se sentaban alrededor de la mesa con mantel almidonado y vajilla deslumbrante. Comían tranquilos y educados. Masticaban bien. Sonreían. Nunca parecían tener hambre. Ni apuro. Ni sueño. Ni rabia. Ni ganas. Ni celos. Ni frío.
Tan diferentes eran, que a los floridenses se les hizo costumbre eso de ir a visitar el Club de los Perfectos. Bueno, visitar es una manera de decir porque al Club de los Perfectos sólo entraban Perfectos, y los demás miraban de afuera.
Lo cierto es que, a eso de las siete de la tarde, en cuanto terminaba el partido, los del Deportivo Santa Rita se venían en patota a la calle Warnes y, a eso de las ocho, antes de ir para el baile del Social Juan B. Justo, las parejas de novios pasaban por la calle Warnes para echarles una ojeadita a los Perfectos.
Los floridenses se apretaban todos junto a la verja. Eran un montón, pero ninguno era perfecto. Estaba doña Clementina, llena de arrugas; el nieto de don Braulio, que era un poco bizco; el chico del almacén, que era petiso; Antonia, llena de pecas… y chicos que usaban aparatos en los dientes, chicos que a veces se comían las uñas, chicos que a veces se hacían pis encima, chicos con mocos, muchachos que clavaban los dientes en sándwiches de milanesa porque tenían hambre y chicas un poco despeinadas porque había viento.
Los sábados por la noche el Club de los Perfectos estaba siempre rodeado de floridenses. Y fue por eso que, cuando pasó lo que tenía que pasar, hubo muchos que pudieron contarlo.
Resulta que ahí estaban los Perfectos, tan perfectos como siempre reunidos alrededor de la mesa, perfectamente bronceados porque era verano y perfectamente frescos y perfumados, cuando pasó lo que tenía que pasar.
Pasó una cucaracha.
Una cucaracha lisita, negra, brillante, en cierto modo una cucaracha perfecta, que trepó lentamente por el mantel almidonado y empezó a caminar, perfectamente serena, por entre los platos.
El primero que la vio fue un Perfecto de saco blanco y corbata a rayas, perfectamente rubio. La cucaracha se acercaba, pacíficamente, hacia su plato.
El Perfecto rubio se puso de pie… demasiado bruscamente, porque volcó la silla, empujó con el codo el plato decorado, que se estrelló contra el piso, y derramó el vino tinto de su copa labrada sobre la Perfecta de vestido blanco.
La cucaracha entre tanto, posiblemente sorda y seguramente valiente, seguía recorriendo la mesa, desviándose sin sobresaltos cuando se le interponía algún plato.
Los Perfectos en cambio sí que parecían sobresaltados. Había algunos que se subían a las sillas y gritaban pidiendo ayuda, y otros que se comían velozmente las uñas acurrucados en los rincones. Había algunas que lloraban a moco tendido y otros que, de puro nerviosos, se reían a carcajadas.
El mantel ya no parecía el mismo, lleno como estaba de platos rotos y copas volcadas. Y serena, parsimoniosa la manchita negra y lustrosa proseguía su camino.
Los floridenses que estaban junto a la reja al principio no entendían. Se agolpaban para ver mejor, los de la primera fila les pasaban noticias a los de atrás. Aníbal, el relator de los partidos amistosos, se trepó a lo alto de la verja y empezó a transmitir los acontecimientos:
—El Perfecto de la Camisa a Cuadros se cae de espaldas. Rueda. Quiere ponerse de pie, trastabilla y cae sobre la Perfecta del Collar de Nácar. La Perfecta del Collar de Nácar pierde la peluca. Se arroja al suelo y camina en cuatro patas tratando de recuperarla. El Perfecto del Traje Azul tropieza con ella, pierde el equilibrio y cae… Cae también su dentadura, que golpea ruidosamente contra la pata de la mesa…
Arrugados, despeinados, manchados y llorosos, los Perfectos fueron abandonando la casa de la calle Warnes. Los floridenses los miraban salir y no podían casi reconocerlos. Algunos estaban pálidos. Otros parecían viejos. Algunos, si se los miraba bien, eran francamente gordos. Y todos, uno por uno, estaban muertos de miedo.
A los floridenses más burlones les daba un poco de risa.
Los floridenses más comprensivos les sonreían y les daban la bienvenida: al fin de cuentas no era tan malo estar de este lado de la reja.
De más está decir que ese mismo día se disolvió el Club de los Perfectos.
Y cuentan en el barrio que los sábados por la tarde algunos de los que fueron sus socios llegan cansados y hambrientos del Deportivo Santa Rita y que otros van, un poco despeinados, al Social Juan B. Justo
Cuentan también que en la casa de la calle Warnes ahora crecen malvones.
Y parece que así es mucho mejor que antes.



Responder:
1. ¿Quiénes conforman El club de los Perfectos? ¿Qué características tienen? ¿Qué cosas no hacen?
2. ¿Qué otros clubes de barrio hay en Florida? ¿Cómo son sus miembros?
3. ¿Qué hecho desató un conflicto en la vida de los Perfectos? ¿Cómo reaccionaron ellos?
4. ¿Si tuvieras que asociarte a uno de los clubes, a cuál te pertenecerías? ¿Por qué?
5. ¿El cuento leído te deja alguna enseñanza? ¿Cuál?
6. Seleccioná 3 sustantivos y 3 adjetivos y clasificalos semánticamente.



SEGUNDA SEMANA (25/03 al 28/03)

ACTIVIDAD N° 3

Leer el texto el siguiente texto y responder las preguntas a continuación:




1. ¿Qué sucede en la situación comunicativa narrada en este microrelato? ¿Quién es el emisor? ¿Por qué los personajes no logran entenderse?
2.  ¿Cuál te parece que es el objetivo del texto? Marcá la opción correcta y justificá.
- Informar
- Entretener
- Convencer
3.      ¿A qué campo semántico pertenecen las palabras utilizadas por el capitán? Buscá en el diccionario 5 de esas palabras que no conozcas.
4. ¿Por cuáles razones a veces las personas no se entienden entre sí'
5.      Elegí una de las razones del punto anterior y escribí un breve relato similar al leído donde un personaje no entienda al otro.

·        El campo semántico es un conjunto de palabras vinculadas por rasgos de significados en común. Por ejemplo, al campo semántico del fútbol pertenecen palabras como pelota, partido, jugadores, gol, cancha, etc.


ACTIVIDAD N° 4






1. ¿Qué tipo de narrador presenta este cuento? ¿Cómo te diste cuenta?
2. ¿Qué le sucedió a la nona Insulina? ¿Podría pasar lo mismo en la vida real? ¿Por qué?
3. ¿A qué género te parece que pertenece este relato?
4. Hacé una línea de tiempo sobre la vida de la protagonista.
5. Elegí el momento de la vida de la nona Insulina que más te haya gustado y dibujalo.
6. Escribí un cuento similar al de La nona Insulina donde vos seas el/la protagonista. Para inspirarte, podés preguntarle a tu familia recuerdos y anécdotas sobre tu infancia.



MATERIAL DE APOYO

El narrador es una voz ficcional que relata los sucesos y a través de la cual conocemos la historia. El narrador, al igual que la historia y los personajes, es una creación del autor.




Clases de palabras 




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