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viernes, 3 de julio de 2020


Plan de continuidad pedagógica
TRABAJO PRÁCTICO CON ARTICULACIÓN DE MATERIAS: LITERATURA Y ARTE
6º A y B – Prof. Masucco Christian y Prof. Masucco Samanta
Fecha de entrega: miércoles 15 de julio

“DE DUCHAMP AL STREET ART”
Respondé las siguientes consignas a partir de la observación el corto Big Bang Big Boom de Blu Blu: https://www.youtube.com/watch?v=sMoKcsN8wM8

      1)¿Qué analogías encontrás entre los ready mades de M. Duchamp y la obra de Blu Blu?
      2)¿Qué resolución técnica y conceptual agrega Blu Blu a su obra y logra así, ampliar las propuestas artísticas de M. Duchamp?
      3)Escribí un texto en el que se reflexione sobre las ideas de creación y destrucción, teniendo en cuenta la forma y el contenido del cortometraje.

viernes, 26 de junio de 2020


ARTE – PROF. MASUCCO SAMANTA

DUCHAMP Y BLU BLU: DE LOS READY MADES AL STREET ART
A continuación, les dejo un link para acceder al corto “Big Bang Big Boom” de Blu Blu.
Observarlo atentamente y, en la próxima clase virtual por zoom, conversaremos sobre su imagen, contenido y explicaré el próximo trabajo práctico.  Nuevamente articularemos actividad con la materia Literatura.

PRÓXIMAS CLASES VIRTUALES POR ZOOM:
6° A MIÉRCOLES 01/07 11 HS
6° B LUNES 29/06 12 HS
PARA AMBAS REUNIONES ID: 965 544 8017  CONTRASEÑA: 9ZD88c

REPITO CÓDIGOS DE CLASSROOM ARTE:
6°A: 7ipf5qe
6°B: vje4jva

miércoles, 27 de mayo de 2020

6TO B LITERATURA CHRISTIAN MASUCCO

Buen día! Cómo va? Les aviso que ya pueden encontrar en Classroom la nueva actividad.
Código de ingreso: zfdsx32
Saludos!

6TO A LITERATURA CHRISTIAN MASUCCO

Buen día! Cómo andan? Paso aviso: ya pueden encontrar en Classroom la nueva actividad.
Código de ingreso: 7e4hmjp
Saludos!

5TO A LITERATURA CHRISTIAN MASUCCO

Hola! Cómo están? Les cuento que ya está en Classroom la nueva actividad.
Código de ingreso: pul2au2
Saludos!

1RO A PRÁCTICAS DEL LENGUAJE CHRISTIAN MASUCCO

Buen día! Espero que anden bien. Les aviso que ya pueden encontrar en el Classroom la nueva actividad.
Código de ingreso: 4upw6ub
Saludos!

miércoles, 6 de mayo de 2020

LITERATURA 6TO B CHRISTIAN MASUCCO

HOLA GENTE! Les aviso que el Trabajo Práctico 4 ya está publicado en Classroom. El código de ingreso es: zfdsx32
Saludos

LITERATURA 6TO A CHRISTIAN MASUCCO

HOLA GENTE! Les aviso que el Trabajo Práctico 4 ya está subido en Classroom. El código de ingreso es: 7e4hmjp
Saludos

lunes, 4 de mayo de 2020

LITERATURA 5TO A CHRISTIAN MASUCCO

Buenas! Paso el siguiente aviso gente: el Trabajo Práctico 4 ya está subido al Classroom. Código para ingresar pul2au2 (el tercer caracter es "ele", no el número 1 )
Saludos

PRÁCTICAS DEL LENGUAJE 1RO A CHRISTIAN MASUCCO

¿Cómo están? Les cuento que el Trabajo Práctico 4 ya está subido al Classroom. También encontrarán ahí el Cuadernillo que usamos desde principio de año. El código es 4upw6ub
Cualquier inconveniente que tengan, pueden escribirme a mi mail. Nos vemos en Classroom, saludos

miércoles, 15 de abril de 2020

6TO A Y B LITERATURA TRABAJO PRÁCTICO 3


TRABAJO DE ARTICULACIÓN
6° A y B
Materias: Literatura y Arte 
Profesorxs: Christian Masucco y Samanta Masucco
Fecha y modo de entrega: Por mail a ambos profesorxs, hasta el día 30 de abril.
4literariafrench@gmail.com

“BURN THE WITCH” RADIOHEAD 
1)  Vean el video “Burn the witch” disponible en el siguiente link https://www.youtube.com/watch?v=yI2oS2hoL0k
2) Busquen información sobre el video. 
3)  Elaboren un escrito que desarrolle el tema del “otro” en este video y que ofrezca una respuesta a la siguiente pregunta de Bauman: “¿Qué sucede con ese monstruo interior en nuestros tiempos, cuando a menudo nos negamos a conceder la existencia del otro o a verlo o escucharlo en lugar de ofrecerle una ideología caníbal?”
4)  Realicen una composición visual con técnica a elección de cada uno/a (dibujo o pintura o collage) creando una “tapa” para el disco de Radiohead, haciendo referencia en lo analizado anteriormente. Piensen de qué manera representar en una imagen o secuencia de imágenes, lo analizado anteriormente. Pueden valerse de escenas del video pero recrearlas en modo figurativo (realista).

lunes, 13 de abril de 2020

LITERATURA 5TO A

LITERATURA 5TO A
CHRISTIAN MASUCCO
TRABAJO PRÁCTICO 3 (enviar a 4literariafrench@gmail.com)

Taller de escritura

Escriban un cuento que presente un narrador omnisciente y que comience de la siguiente manera: "Una persona publica una novela de ciencia ficción, y en pocos días gana una fortuna. Junta todas sus cosas, quema sus escritos y se refugia para siempre en una cueva". Extensión mínima: 25 renglones.

PRÁCTICAS DEL LENGUAJE 1RO A

PRÁCTICAS DEL LENGUAJE 1RO A
CHRISTIAN MASUCCO 
TRABAJO PRÁCTICO 3 (enviar a 4literariafrench@gmail.com)

1) Lean "El haiku: el arte de ver" (página 5 y 6 del cuadernillo)

Haiku: “El arte de ver”

El haiku es un tipo de poesía que nació en el siglo XVI en Japón y que se consolidó en el siglo XVII con el poeta Basho.
  El haiku tradicional consta de 17 sílabas dispuestas en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima. Suele contener una palabra clave denominada kigo que indica la estación del año a la que se refiere.
El haiku es básicamente la expresión de un asombro, como si fuera una fotografía de algo que nos conmueve en el mundo. Por ello, se puede decir que el haiku es “el arte de ver”, de observar las cosas y los seres que nos rodean como si fuera la primera vez que los vemos
  Tradicionalmente el haiku, así como otras composiciones poéticas, buscaba describir los fenómenos naturales, el cambio de las estaciones, o la vida cotidiana de la gente. Muy influido por la filosofía y la estética del zen, su estilo se caracteriza por la naturalidad, la sencillez (no el simplismo), la sutileza y la austeridad.

Mar y montañas:
el corazón se cansa
de tanta belleza. (Santoka)

Qué silenciosas,
en el fondo del lago
cumbres de nubes. (Issa)

No hay cielo ni tierra
sólo nieve
que cae eternamente. (Hashin)

A caballo
mi sombra vagabunda
se congela. (Basho)

Cae una camelia
y derrama
la lluvia de ayer. (Buson)

Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el ocaso. (Basho)

La luna nueva.
Ella también la mira
desde otra puerta. (Borges)


Aunque caminemos
por diferentes caminos
a todos sigue la luna. (Kerouac)

¿Cómo entender
los gestos de su cara
al verla dormir?

Está por llover.
El viento deja hablar
a  los árboles.

2) ¿Por qué se lo denomina el arte de ver?
3) Anoten un título para cada uno de los diez haikus que figuran arriba.
4) Escriban diez haikus sobre las cosas que viven en su vida cotidiana. Respeten las características formales del haiku: tres versos: 1er verso: 5 sílabas
                                                2do verso: 7 sílabas
                                                3er verso: 5 sílabas
Pueden excederse alguna vez en la cantidad de sílabas, no hay problema. 

jueves, 26 de marzo de 2020

6TO A Y B LITERATURA


LITERATURA 6TO A Y 6TO B
PROFESOR: CHRISTIAN MASUCCO (entregar los trabajos a 4literariafrench@gmail.com)
TRABAJO PRÁCTICO 2
1)     Lean el siguiente extracto de “La perpetuación del castigo” de Chesterton:


2)      ¿Por qué creen que el autor dice que “lo verdaderamente despiadado del castigo moderno no es su severidad sino su perennidad”?
3) Anoten (reformulen, no copien) la idea principal de este extracto usando los siguientes conectores lógicos: además, al contrario, pero, por eso.
4) Elaboren dos textos de opinión: uno que apoye la creencia del autor y otro que la refute. Cada texto deberá tener un mínimo de extensión de diez renglones.

5TO A LITERATURA


LITERATURA 5TO A
PROFESOR: CHRISTIAN MASUCCO (deberán entregar este trabajo, junto con el anterior a 4literariafrench@gmail.com)
TRABAJO PRÁCTICO 2

1)    Lean el siguiente cuento de García Márquez:

El ahogado mÁs hermoso del mundo

         Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado.
         Habían jugado con él toda la tarde, enterrándolo y desenterrándolo en la arena, cuando alguien los vio por casualidad y dio la voz de alarma en el pueblo. Los hombres que lo cargaron hasta la casa más próxima notaron que pesaba más que todos los muertos conocidos, casi tanto como un caballo, y se dijeron que tal vez había estado demasiado tiempo a la deriva y el agua se le había metido dentro de los huesos. Cuando lo tendieron en el suelo vieron que había sido mucho más grande que todos los hombres, pues apenas si cabía en la casa, pero pensaron que tal vez la facultad de seguir creciendo después de la muerte estaba en la naturaleza de ciertos ahogados. Tenía el olor del mar, y sólo la forma permitía suponer que era el cadáver de un ser humano, porque su piel estaba revestida de una coraza de rémora y de lodo.
         No tuvieron que limpiarle la cara para saber que era un muerto ajeno. El pueblo tenía apenas unas veinte casas de tablas, con patios de piedras sin flores, desperdigadas en el extremo de un cabo desértico. La tierra era tan escasa, que las madres andaban siempre con el temor de que el viento se llevara a los niños, y a los muertos que les iban causando los años tenían que tirarlos en los acantilados. Pero el mar era manso y pródigo, y todos los hombres cabían en siete botes. Así que cuando se encontraron el ahogado les bastó con mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que estaban completos.
         Aquella noche no salieron a trabajar en el mar. Mientras los hombres averiguaban si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres se quedaron cuidando al ahogado. Le quitaron el lodo con tapones de esparto, le desenredaron del cabello los abrojos submarinos y le rasparon la rémora con fierros de desescamar pescados. A medida que lo hacían, notaron que su vegetación era de océanos remotos y de aguas profundas, y que sus ropas estaban en piltrafas, como si hubiera navegado por entre laberintos de corales. Notaron también que sobrellevaba la muerte con altivez, pues no tenía el semblante solitario de los otros ahogados del mar, ni tampoco la catadura sórdida y menesteroso de los ahogados fluviales. Pero solamente cuando acabaron de limpiarlo tuvieron conciencia de la clase de hombre que era, y entonces se quedaron sin aliento. No sólo era el más alto, el más fuerte, el más viril y el mejor armado que habían visto jamás, sino que todavía cuando lo estaban viendo no les cabía en la imaginación.
         No encontraron en el pueblo una cama bastante grande para tenderlo ni una mesa bastante sólida para velarlo. No le vinieron los pantalones de fiesta de los hombres más altos, ni las camisas dominicales de los más corpulentos, ni los zapatos del mejor plantado. Fascinadas por su desproporción y su hermosura, las mujeres decidieron entonces hacerle unos pantalones con un pedazo de vela cangreja, y una camisa de bramante de novia, para que pudiera continuar su muerte con dignidad. Mientras cosían sentadas en círculo, contemplando el cadáver entre puntada y puntada, les parecía que el viento no había sido nunca tan tenaz ni el Caribe había estado nunca tan ansioso como aquella noche, y suponían que esos cambios tenían algo que ver con el muerto. Pensaban que si aquel hombre magnífico hubiera vivido en el pueblo, su casa habría tenido las puertas más anchas, el techo más alto y el piso más firme, y el bastidor de su cama habría sido de cuadernas maestras con pernos de hierro, y su mujer habría sido la más feliz. Pensaban que habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres, y habría puesto tanto empeño en el trabajo que hubiera hecho brotar manantiales de entre las piedras más áridas y hubiera podido sembrar flores en los acantilados. Lo compararon en secreto con sus propios hombres, pensando que no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél era capaz de hacer en una noche, y terminaron por repudiarlos en el fondo de sus corazones como los seres más escuálidos y mezquinos de la tierra. Andaban extraviadas por esos dédalos de fantasía, cuando la más vieja de las mujeres, que por ser la más vieja había contemplado al ahogado con menos pasión que compasión, suspiró:
         —Tiene cara de llamarse Esteban.
         Era verdad. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más porfiadas, que eran las más jóvenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, tendido entre flores y con unos zapatos de charol, pudiera llamarse Lautaro. Pero fue una ilusión vana. El lienzo resultó escaso, los pantalones mal cortados y peor cosidos le quedaron estrechos, y las fuerzas ocultas de su corazón hacían saltar los botones de la camisa. Después de la media noche se adelgazaron los silbidos del viento y el mar cayó en el sopor del miércoles. El silencio acabó con las últimas dudas: era Esteban. Las mujeres que lo habían vestido, las que lo habían peinado, las que le habían cortado las uñas y raspado la barba no pudieron reprimir un estremecimiento de compasión cuando tuvieron que resignarse a dejarlo tirado por los suelos. Fue entonces cuando comprendieron cuánto debió haber sido de infeliz con aquel cuerpo descomunal, si hasta después de muerto le estorbaba. Lo vieron condenado en vida a pasar de medio lado por las puertas, a descalabrarse con los travesaños, a permanecer de pie en las visitas sin saber qué hacer con sus tiernas y rosadas manos de buey de mar, mientras la dueña de casa buscaba la silla más resistente y le suplicaba muerta de miedo siéntese aquí Esteban, hágame el favor, y él recostado contra las paredes, sonriendo, no se preocupe señora, así estoy bien, con los talones en carne viva y las espaldas escaldadas de tanto repetir lo mismo en todas las visitas, no se preocupe señora, así estoy bien, sólo para no pasar vergüenza de desbaratar la silla, y acaso sin haber sabido nunca que quienes le decían no te vayas Esteban, espérate siquiera hasta que hierva el café, eran los mismos que después susurraban ya se fue el bobo grande, qué bueno, ya se fue el tonto hermoso. Esto pensaban las mujeres frente al cadáver un poco antes del amanecer. Más tarde, cuando le taparon la cara con un pañuelo para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto para siempre, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que se les abrieron las primeras grietas de lágrimas en el corazón. Fue una de las más jóvenes la que empezó a sollozar. Las otras, asentándose entre sí, pasaron de los suspiros a los lamentos, y mientras más sollozaban más deseos sentían de llorar, porque el ahogado se les iba volviendo cada vez más Esteban, hasta que lo lloraron tanto que fue el hombre más desvalido de la tierra, el más manso y el más servicial, el pobre Esteban. Así que cuando los hombres volvieron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas sintieron un vacío de júbilo entre las lágrimas.
         —¡Bendito sea Dios —suspiraron—: es nuestro!
         Los hombres creyeron que aquellos aspavientos no eran más que frivolidades de mujer. Cansados de las tortuosas averiguaciones de la noche, lo único que querían era quitarse de una vez el estorbo del intruso antes de que prendiera el sol bravo de aquel día árido y sin viento. Improvisaron unas angarillas con restos de trinquetes y botavaras, y las amarraron con carlingas de altura, para que resistieran el peso del cuerpo hasta los acantilados. Quisieron encadenarle a los tobillos un ancla de buque mercante para que fondeara sin tropiezos en los mares más profundos donde los peces son ciegos y los buzos se mueren de nostalgia, de manera que las malas corrientes no fueran a devolverlo a la orilla, como había sucedido con otros cuerpos. Pero mientras más se apresuraban, más cosas se les ocurrían a las mujeres para perder el tiempo. Andaban como gallinas asustadas picoteando amuletos de mar en los arcones, unas estorbando aquí porque querían ponerle al ahogado los escapularios del buen viento, otras estorbando allá para abrocharse una pulsera de orientación, y al cabo de tanto quítate de ahí mujer, ponte donde no estorbes, mira que casi me haces caer sobre el difunto, a los hombres se les subieron al hígado las suspicacias y empezaron a rezongar que con qué objeto tanta ferretería de altar mayor para un forastero, si por muchos estoperoles y calderetas que llevara encima se lo iban a masticar los tiburones, pero ellas seguían cargando sus reliquias de pacotilla, llevando y trayendo, tropezando, mientras se les iba en suspiros lo que no se les iba en lágrimas, así que los hombres terminaron por despotricar que de cuándo acá semejante alboroto por un muerto al garete, un ahogado de nadie, un fiambre de mierda. Una de las mujeres, mortificada por tanta insolencia, le quitó entonces al cadáver el pañuelo de la cara, y también los hombres se quedaron sin aliento.
         Era Esteban. No hubo que repetirlo para que lo reconocieran. Si les hubieran dicho Sir Walter Raleigh, quizás, hasta ellos se habrían impresionado con su acento de gringo, con su guacamayo en el hombro, con su arcabuz de matar caníbales, pero Esteban solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba tirado como un sábalo, sin botines, con unos pantalones de sietemesino y esas uñas rocallosas que sólo podían cortarse a cuchillo. Bastó con que le quitaran el pañuelo de la cara para darse cuenta de que estaba avergonzado, de que no tenía la culpa de ser tan grande, ni tan pesado ni tan hermoso, y si hubiera sabido que aquello iba a suceder habría buscado un lugar más discreto para ahogarse, en serio, me hubiera amarrado yo mismo un áncora de galón en el cuello y hubiera trastabillado como quien no quiere la cosa en los acantilados, para no andar ahora estorbando con este muerto de miércoles, como ustedes dicen, para no molestar a nadie con esta porquería de fiambre que no tiene nada que ver conmigo. Había tanta verdad en su modo de estar, que hasta los hombres más suspicaces, los que sentían amargas las minuciosas noches del mar temiendo que sus mujeres se cansaran de soñar con ellos para soñar con los ahogados, hasta ésos, y otros más duros, se estremecieron en los tuétanos con la sinceridad de Esteban.
         Fue así como le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado expósito. Algunas mujeres que habían ido a buscar flores en los pueblos vecinos regresaron con otras que no creían lo que les contaban, y éstas se fueron por más flores cuando vieron al muerto, y llevaron más y más, hasta que hubo tantas flores y tanta gente que apenas si se podía caminar. A última hora les dolió devolverlo huérfano a las aguas, y le eligieron un padre y una madre entre los mejores, y otros se le hicieron hermanos, tíos y primos, así que a través de él todos los habitantes del pueblo terminaron por ser parientes entre sí. Algunos marineros que oyeron el llanto a distancia perdieron la certeza del rumbo, y se supo de uno que se hizo amarrar al palo mayor, recordando antiguas fábulas de sirenas. Mientras se disputaban el privilegio de llevarlo en hombros por la pendiente escarpada de los acantilados, hombres y mujeres tuvieron conciencia por primera vez de la desolación de sus calles, la aridez de sus patios, la estrechez de sus sueños, frente al esplendor y la hermosura de su ahogado. Lo soltaron sin ancla, para que volviera si quería, y cuando lo quisiera, y todos retuvieron el aliento durante la fracción de siglos que demoró la caída del cuerpo hasta el abismo. No tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños, y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso, porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban, y se iban a romper el espinazo excavando manantiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados, para que los amaneceres de los años venturos los pasajeros de los grandes barcos despertaran sofocados por un olor de jardines en altamar, y el capitán tuviera que bajar de su alcázar con su uniforme de gala, con su astrolabio, su estrella polar y su ristra de medallas de guerra, y señalando el promontorio de rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas: miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban.

2)  ¿Qué tipo de narrador presenta el cuento? Justifiquen utilizando tres citas textuales.
3)  ¿Cómo reaccionan ante el ahogado los niños, las mujeres y los hombres?
4)  ¿Por qué, una vez devuelto el ahogado a las aguas, la gente del pueblo se siente vacía e incompleta?
5)  ¿Qué aspectos fantásticos encuentran en el relato?
6)  ¿Por qué puede decirse que transforman la historia del ahogado Esteban en un mito?


1RO A PRÁCTICAS DEL LENGUAJE PROFESRO CHRISTIAN MASUCCO


PRÁCTICAS DEL LENGUAJE 1RO A
PROFESOR: CHRISTIAN MASUCCO (entregar junto con el trabajo anterior a 4literariafrench@gmail.com)
TRABAJO PRÁCTICO 2 

1)      Lean el siguiente cuento de Kafka:
EL VIEJO MANUSCRITO

  Podría decirse que el sistema de defensa de nuestra patria adolece de serios defectos. Hasta el momento no nos hemos ocupado de ellos sino de nuestros deberes cotidianos; pero algunos acontecimientos recientes nos inquietan. Soy zapatero remendón; mi negocio da a la plaza del palacio imperial. Al amanecer, apenas abro mis ventanas, ya veo soldados armados, apostados en todas las bocacalles que dan a la plaza. Pero no son soldados nuestros; son, evidentemente, nómades del Norte. De algún modo que no llego a comprender, han llegado hasta la capital, que, sin embargo, está bastante lejos de las fronteras. De todas maneras, allí están; su número parece aumentar cada día. Como es su costumbre, acampan al aire libre y rechazan las casas. Se entretienen en afilar las espadas, en aguzar las flechas, en realizar ejercicios ecuestres. Han convertido esta plaza tranquila y siempre pulcra en una verdadera pocilga. Muchas veces intentamos salir de nuestros negocios y hacer una recorrida para limpiar por lo menos la basura más gruesa; pero esas salidas se tornan cada vez más escasas, porque es un trabajo inútil y corremos, además, el riesgo de hacernos aplastar por sus caballos salvajes o de que nos hieran con sus látigos. Es imposible hablar con los nómades. No conocen nuestro idioma y casi no tienen idioma propio. Entre ellos se entienden como se entienden los grajos. Todo el tiempo se escucha ese graznar de grajos. Nuestras costumbres y nuestras instituciones les resultan tan incomprensibles como carentes de interés. Por lo mismo, ni siquiera intentan comprender nuestro lenguaje de señas. Uno puede dislocarse la mandíbula y las muñecas de tanto hacer ademanes; no entienden nada y nunca entenderán. Con frecuencia hacen muecas; en esas ocasiones ponen los ojos en blanco y les sale espuma por la boca, pero con eso nada quieren decir ni tampoco causan terror alguno; lo hacen por costumbre. Si necesitan algo, lo roban. No puede afirmarse que utilicen la violencia. Simplemente se apoderan de las cosas; uno se hace a un lado y se las cede. También de mi tienda se han llevado excelentes mercancías. Pero no puedo quejarme cuando veo, por ejemplo, lo que ocurre con el carnicero. Apenas llega su mercadería, los nómades se la llevan y la comen de inmediato. También sus caballos devoran carne; a menudo se ve a un jinete junto a su caballo comiendo del mismo trozo de carne, cada cual de una punta. El carnicero es miedoso y no se atreve a suspender los pedidos de carne. Pero nosotros comprendemos su situación y hacemos colectas para mantenerlo. Si los nómades se encontraran sin carne, nadie sabe lo que se les ocurriría hacer; por otra parte, quien sabe lo que se les ocurriría hacer comiendo carne todos los días. Hace poco, el carnicero pensó que podría ahorrarse, al menos, el trabajo de descuartizar, y una mañana trajo un buey vivo. Pero no se atreverá a hacerlo nuevamente. Yo me pasé toda una hora echado en el suelo, en el fondo de mi tienda, tapado con toda mi ropa, mantas y almohadas, para no oír los mugidos de ese buey, mientras los nómades se abalanzaban desde todos lados sobre él y le arrancaban con los dientes trozos de carne viva. No me atreví a salir hasta mucho después de que el ruido cesara; como ebrios entorno de un tonel de vino, estaban tendidos por el agotamiento, alrededor de los restos del buey. Precisamente en esa ocasión me pareció ver al emperador en persona asomado por una de las ventanas del palacio; casi nunca sale a las habitaciones exteriores y vive siempre en el jardín más interior, pero esa vez lo vi, o por lo menos me pareció verlo, ante una de las ventanas, contemplando cabizbajo lo que ocurría frente a su palacio.
 —¿En qué terminará esto? —nos preguntamos todos—. ¿Hasta cuándo soportaremos esta carga y este tormento? El palacio imperial ha traído a los nómades, pero no sabe cómo hacer para repelerlos. El portal permanece cerrado; los guardias, que antes solían entrar y salir marchando festivamente, ahora están siempre encerrados detrás de las rejas de las ventanas. La salvación de la patria sólo depende de nosotros, artesanos y comerciantes; pero no estamos preparados para semejante empresa; tampoco nos hemos jactado nunca de ser capaces de cumplirla. Hay cierta confusión, y esa confusión será nuestra ruina. 
2)  Busquen en el diccionario las palabras desconocidas.
3)  ¿Cuál es el extraño problema que ocurre en el cuento?
4) Describan a los nómades (no copiar del cuento, reformular las respuestas).
5) Extraigan tres palabras graves, tres agudas y dos esdrújulas.
6) Extraigan tres palabras de acentuación especial y aclaren por qué llevan o no tilde.
7) Elaboren un breve relato que cuente alguno de los hechos de la historia de Kafka pero desde la perspectiva de los nómades (deberán ponerse en el lugar de ellos, como si ustedes fueran uno de los nómades).


martes, 17 de marzo de 2020

Literatura 6to A y B


TRABAJO PRÁCTICO 1

EL ENSAYO: DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS

El término “ensayo” fue creado por el francés Michel de Montaigne, en el siglo XVI.
Lo  fundamental del ensayo es el juicio sobre las cosas y la actividad reflexiva, sin importar tanto el ser exhaustivo y sistemático. Escrito en prosa, generalmente breve, de carácter didáctico e interpretativo y no dirigido a lectores especializados, el ensayo es un texto en el que el autor expone con estilo originalidad su visión personal sobre cualquier tema.
Cuando un escritor decide comunicar sus ideas a través de un ensayo, acepta también de modo implícito comunicarse según ciertos principios de la retórica del ensayo:
 El ensayista busca influir en la opinión del lector; pero no lo hace dando ideas hechas. El ensayista desea que el lector adopte su modo de pensar (o lo comprenda como un posible modo de pensar).
 El ensayista exterioriza su subjetividad en el ensayo; es como una confesión intelectual del autor, al expresar una forma de pensar. El autor se proyecta en el texto, por eso es frecuente el uso de la primera persona.
  La publicación original de los ensayos suele ser en la página de opinión de los periódicos, en los suplementos culturales o en revistas. Como forma de diálogo, el ensayo busca un público inmediato que pueda responder al contenido del ensayo (muchas de las cartas al editor son parte de ese diálogo entre el ensayista y sus lectores).
  El texto del ensayo omite la documentación propia del artículo (notas a pie de página, bibliografía, etc.), pues lo importante del texto no son los datos sino la perspectiva del ensayista.

CONSIGNAS:
1)      Elaboren un mapa conceptual que contenga las principales características del ensayo.
2)      Escriban un ensayo sobre la “música”: qué provoca en ustedes, qué experiencia emocional tienen con ella, qué lugar ocupa en sus vidas, etc. Recuerden la estructura: título, introducción del tema, hipótesis, demostración o desarrollo de argumentos, conclusión. Pueden utilizar, en su escrito, algunas de las siguientes citas:
“Sin música, la vida sería un error”
“La música expresa lo que no puede ser dicho y aquello sobre lo que es imposible permanecer en silencio”
“La música es el tipo de arte que está más cerca de las lágrimas y de la memoria”



Literatura 5to A - Masucco


La balada del álamo Carolina
Haroldo Conti
Ciruelo de mi puerta,/si no volviese yo,/la primavera siempre/ volverá. Tú, florece.

(Anónimo japonés)
Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo. No. Un día de un viejo árbol es un día del mundo.
Este álamo carolina nació aquí mismo, exactamente, aunque el álamo carolina, por lo que se sabe, viene mediante estaca y éste creció solo, asomó un día sobre esta tierra entre los pastos duros que la cubren como una pelambre, un pastito más, un miserable pastito expuesto a los vientos y al sol y a los bichos. Y él creyó, por un tiempo, que no iba a ser más que eso hasta que un día notó que sobrepasaba los pastos y cuando el sol vino más fuerte y tembló la tierra se hinchó por dentro y se puso rígido y sentía una gran atracción por las alturas, por trepar en dirección al cielo, y hasta sintió que había dentro de él como un camino, aunque todavía no supiese lo que era eso, lo supo recién al año siguiente cuando los pastos quedaron todavía más abajo y detrás de los pastos vio un alambrado y detrás del alambrado vio el camino, que es una especie de árbol recostado sobre la tierra con una rama aquí y otra allá, igual de secas y rugosas en el invierno y que florecen en las puntas para el verano, pues todas rematan en un mechoncito de árboles verdaderos. Por ahí andan los hombres y el loco viento empujando nubes de polvo. También ya sabía para entonces lo que era una rama porque, después de las lluvias de agosto, sintió que su cuerpo se hinchaba en efecto aquí y allá y una parte de él se quedó ahí, no siguió más arriba, torció a un lado y creció sobre la tierra de costado igual que el camino.
Ahora es un viejo álamo carolina, porque han pasado doce veranos, por lo menos, si no lleva mal la cuenta. Ahora crece más despacio, casi no crece. En primavera echa las hojas en el mismo sitio que estuvieron el otro verano y por arriba brotan unas crestitas de un verde más encarnado, pero al caer el sol se encienden como por dentro, pero él ahora no pretende más que eso, esa dulce luz del verano que lo recubre como un velo. Y dentro de esa luz está él, el viejo álamo, todo recuerdo. De alguna manera ya estaba así hace doce veranos cuando asomó sobre la tierra y crecer no fue nada más que como pensarse. Sólo que ahora recuerda todo eso, se piensa para atrás, y no nace otro árbol. En eso consiste la vejez. Verde memoria.
Ahora es el comienzo del verano justamente y acaba de revestirse otra vez con todas sus hojas, de manera que como recién están echando el verde más fuerte (son como pequeños árboles cada una) por la tarde, cuando el sol declina y se mete entre las ramas el álamo se enciende como una lámpara verde, y entonces llegan los pájaros que se remueven bulliciosamente entre las hojas buscando donde pasar la noche y es el momento en que el viejo álamo carolina recuerda. A propósito de la noche, los pájaros y el verano. Recuerda, por ejemplo, a propósito de los pájaros, el primero de ellos que se posó sobre la primera rama, que ha quedado allá abajo, pero entonces era el punto más alto, ya casi no da hojas y es tan gruesa como un pequeño árbol. En aquel tiempo era su parte más viva y sintió el pájaro sobre su piel, un agitado montoncito de plumas. Descansó un rato y luego reemprendió el vuelo. Recién dos veranos después, cuando divisó la primera casa de un hombre y detrás de ella la relampagueante línea del ferrocarril, una montera armó un nido en la horqueta de la última rama. Cortó y anudó ramitas pacientemente y así el álamo se convirtió en una casa, supo lo que era ser una casa, el alma que tiene una casa, como antes supo del camino y del alma del camino, ese ancho árbol florecido de sueños. El nido se columpiaba al extremo de la rama y él, aunque gustaba del loco viento de la tarde, procuraba no agitarse mucho por ese lado, le dio todo el cobijo que pudo, echó para allí más hojas que otras veces.
Al final del verano, los pichones saltaron del nido y los sintió desplazarse temblorosos sobre la rama con sus delgadas patitas, tomar impulso una y otra vez y por fin lanzarse y caer en el aire como una hoja. Un árbol en verano es casi un pájaro. Se recubre de crocantes plumas que agita como el viento y sube, con sólo desearlo, desde el fondo de la tierra hasta la punta más alta, salta de una rama a otra todo pajarito, ave de madera en su verde jaula de fronda.
Ese verano fue el mismo del ferrocarril. Antes viene la casa. No vio la casa por completo, ni siquiera cuando, años después, trepó mucho más alto, sino lo que se ve ahora mismo desde el brote más empinado, un techo de chapas que se inflama con el sol y una chimenea blanca que el atardecer lanza un penacho de humo. A veces, el viento trae algunas voces. Con todo, él ha llegado hasta la casa en alguna forma, a través de las hojas de otoño que arrastra el viento. Con sus viejos ojos amarillos ha visto la casa aun por dentro, ha visto al hombre, flaco y duro con la piel resquebrajada como la corteza de las primeras ramas, la mujer que huele a humo de madera, un par de chicos silenciosos con el pelo alborotado como los plumones de un pichón de montera. Con sus viejas manos amarillas ha golpeado la puerta de tablas quebradas, ha acariciado las descascaradas paredes de adobe encalado, y mano y ojo y amarilllas alas de otoño ha corrido delante de la escoba de maíz de Guinea y trepado nuevamente al cielo en el humo oloroso de una fogata que anuncia el frío, el tiempo dormido del árbol y la tierra.
El ferrocarril pasa por detrás de la casa, pero hubo de trepar hasta el otro verano, cuando volvieron las hojas y los pájaros, para entrever el brillo furtivo de las vías cortando a trechos la tierra. Ya había sentido el ruido, ese oscuro tumulto que agitaba el suelo porque el árbol crecía tanto por arriba como por debajo. Por debajo era un árbol húmedo de largas y húmedas ramas nacaradas que penetraban en la tibia noche de la tierra. Por ahí vivía y sentía el árbol principalmente, por ahí su día era un día del mundo, así de ancho y profundo, porque la tierra que palpitaba debajo de él le enviaba toda clase de señales, era un fresco cuerpo lleno de vida que respiraba dulcemente bajo las hojas y el pasto y sostenía cuanto hay en este mundo, incluso a otros árboles con los cuales el viejo álamo carolina se comunicaba a través de aquel húmedo corazón. Al Este, por donde nace el sol, había un bosque. Lo divisó una mañana con sus ojos verdes más altos y todas sus hojas temblaron con un brillo de escamas. Era un árbol más grande, el más grande y formidable de todos. Al caer la tarde, con el sol cruzado barriendo oblicuamente los pastos que parecían mansas llamitas, los árboles aquellos ardieron como un gran fuego. Por la noche, el álamo apuntó una de sus delgadas ramas subterráneas en aquella dirección y recibió la respuesta. No era un árbol más grande, era un bosque, es decir, un montón de ellos, tierra emplumada, alta y rumorosa hermandad.
¿Por qué no estaba él allí? ¿Por qué había nacido solitario? ¿Acaso él no era como un resumen del bosque, cada rama un árbol? Todas estas preguntas le respondió el bosque, sus hermanos, noche a noche. Esta y muchas otras, porque a medida que se ponía viejo, en medio de aquella soledad, se llenaba de tantas preguntas como de pájaros a la tardecita. Los árboles no duermen propiamente, se adormecen, sobre todo en invierno cuando las altas estrellas se deslizan por sus ramas peladas como frías gotas de rocío. Es entonces cuando sienten con más fuerza todas aquellas voces y señales de la tierra. Los animales de la noche salen de sus madrigueras y roen la oscuridad, un pájaro desvelado vuela hacia la luz de una casa, un bulto negro trota por el camino, los grillos vibran entre los pastos como cuerdas de cristal, un perro aúlla en la lejanía, el hombre se da vuelta en la cama y piensa cuántas fanegas dará el cuadro de trigo. En este mismo momento, en esta noche tan quieta, la semilla está trabajando ahí abajo, el árbol la siente germinar, siente su pequeño esfuerzo, cómo se hincha y se despliega y recorre, pulgada por pulgada, el mismo camino que ha trazado el deseo del hombre, que ha vuelto a dormirse y sueña con una suave marea de espigas amarillas.
Y fue por ahí, por la tierra, que el árbol tuvo noticias del ferrocarril cuando un día sintió ese tumulto que subió por sus raíces. Tiempo después, luego de divisar la morada del hombre, vio por fin aquella alocada y ruidosa casa que con chimenea y todo corría sobre la tierra, y supo por ella que además de los pájaros gran parte de cuanto vive se mueve de un lado a otro y el viejo álamo, que entonces no era tan viejo pero sí árbol completo, sintió por primera vez el dolor de su fijeza. El sólo podía ir hacia arriba trazando un corto camino en el cielo y al comienzo del otoño volar en figura según el viento en la trama de sus hojas. En cierto momento, después de la casa, el tren se transportaba entre sus ramas y a veces el penacho de humo llegaba hasta el mismo álamo. Esto dependía del viento, del cual, por instrucción de los pájaros, el viejo álamo había aprendido a extraer otros muchos sucesos. Según soplase, él agitaba sus hojas como verdes plumas y simulaba temblorosos vuelos. El viento subía y bajaba en frescas turbonadas por dentro de aquella jaula vegetal provocando, de acuerdo a la disposición del follaje, murmullos y silbidos que complacían al árbol músico.
Todo esto se aprende con los años, un verano tras otro, y luego para el árbol son materia de recuerdo en el invierno. El invierno comienza para él con la caída de la primera hoja. Un poco antes nota que se le adormecen las ramas más viejas y después el sueño avanza hacia adentro aunque nunca llega al corazón del árbol. En eso siente un tironcito y la primera hoja planea sobre el suelo. Así empieza. Después cae el resto y el viento las revuelve, las dispersa, corren y se entremezclan con las hojas de otros árboles, cuando el viejo álamo carolina ya se ha adormecido y piensa quietamente en el luminoso verano que, de algún modo, ya está en camino a través de la tierra, por el tibio surco de su savia. La lluvia oscurece sus ramas y la escarcha las abrillanta como si fuesen de almendra. Algunas se quiebran con los vientos y el árbol se despabila por un momento, siente en todo su cuerpo esa pequeña muerte aunque él todavía se sostiene, sabe que perdurará otros veranos. Hasta que allá por septiembre memoria y suceso se juntan en el tiempo y un dulce cosquilleo sube desde la oscuridad de la tierra, reanima su piel, desentumece las ramas y el viejo álamo carolina se brota nuevamente de verdes ampollas. El aire ahora es más tibio y el hombre, al que observa desde el brote más alto, recorre el campo y espía las crestitas verdes que acaban de aparecer sobre la tierra.
Para mediados de octubre el viejo álamo está otra vez recubierto de firmes y oscuras hojas que brillan con el sol cuando la brisa las agita a la caída de la tarde. El sol para este tiempo es más firme y proyecta sobre el suelo la enorme sombra del árbol.
Fue en este verano, cuando el sol estaba bien alto y la sombra era más negra, que el hombre se acercó por fin hasta el árbol. El lo vio venir a través del campo, negro y preciso sobre el caballo sudoroso. El hombre bajó del caballo y penetró en la sombra. Se quitó el sombrero cubierto de tierra, después de mirar hacia arriba y aspirar el fresco que se descolgaba de las ramas, y se quitó el sudor de la frente con la manga de la camisa. Después el hombre, que parecía tan viejo como el viejo álamo carolina, se sentó al pie del árbol y se recostó contra el tronco.
Al rato el hombre se durmió y soñó que era un árbol.

TRABAJO PRÁCTICO
1)      Anoten las connotaciones que tiene el álamo a lo largo del cuento. Justifiquen con una cita textual en cada caso.
2)      Extraigan diez imágenes sensoriales del cuento (pueden ser visuales, auditivas, táctiles, olfativas o gustativas).
3)      Escriban un relato utilizando un narrador protagonista que cuente, de la misma forma que presenta el cuento de Conti, el día de una persona a través de su experiencia emocional con el mundo.

Prácticas del Lenguaje - Primero A - Prof. Masucco


PRÁCTICAS DEL LENGUAJE 1RO A
TRABAJO PRÁCTICO: TILDACIÓN DE PALABRAS (CUADERNILLO PÁG.1 A 4)
1)    Anoten cinco ejemplos de palabras graves, agudas y esdrújulas.
2)    Escriban dos ejemplos para cada una de las trece reglas de acentuación especial.
3)    Indiquen por qué llevan o no tilde las siguientes palabras: tiempo, corriendo, cayó, rojo, árbol, nubes, oscuro, crepúsculo, examen, te, indíqueme, escribieron, motor, más, quema, lápiz,jamás, aun, sólo, éste.
4)    Busquen en “El ceibo” (pág. 49 y 50) diez palabras agudas, diez graves y cinco esdrújulas.
5)    Escriban un relato, puede tener la forma de un diario íntimo, que cuente las cosas que hacen en casa durante esta primera semana de cuarentena. Al escribir presten atención a las reglas de tildación.